Todo empezó el 18 de diciembre: la noche anterior había llegado mi mamá que venía desde Colombia a acompañarnos en el nacimiento del bebé. Ese día Sofía, mi hija de cuatro años, como de costumbre se despertó muy temprano, desayunamos juntas y dejamos dormir un rato más a papi y a Mimi (así es como le dice su abuelita).

Alex mi esposo estaba prestando servicio militar por esa temporada, ya solo le quedaba una semana más y terminaba por este año, pero eso era un motivo de preocupación para mí porque me aterrorizaba la idea de empezar el parto y que el no estuviera en casa. Desde la semana 37 se había ido y solo venía a casa el fin de semana y yo tenía el presentimiento que este bebé vendría antes de lo previsto. Y así fue como empezando la semana 39, comenzaron las contracciones. Al rededor de las 11 de la mañana empecé a sentir unos fuertes calambres en el estómago, pero inicialmente pensé que era un malestar por la cena de la noche anterior. Después de investigar en Google y consultar con mi doula, me enteré que a veces este malestar puede ser el inicio del parto. Los calambres comenzaron a ser más frecuentes así que decidí despertar a Alex para que empezara a organizar lo necesario para el parto. Desde que supimos del embarazo, habíamos decidido tener un parto en casa, la idea surgió desde el nacimiento de Sofía, cuando conocí esta opción y todos los beneficios tanto para la mamá como para el bebé. Como era un embarazo de poco riesgo y en contra de los comentarios de todos a mi alrededor, me documenté y con el apoyo de Alex buscamos una partera Kim, que nos guió y acompañó desde la semana 28.

Mientras Alex cubría el suelo con plástico e inflaba la piscina empezamos a tomar el tiempo y la duración de las contracciones y efectivamente durante una hora fueron cada 3 – 5 minutos. Así que me decidí a llamar a Kim la partera, aunque yo aún estaba incrédula sobre el inicio del parto, ella dijo que igual vendría a revisar. Mientras esperaba, organizábamos todo, las toallas, las velas, la música. Kim llego alrededor de la 1 pm, le abrí la puerta y empezó a organizar sus cosas en una mesa, las contracciones seguían suaves, aunque cada vez más continúas. Chatee con varias amigas y les dije que estaba empezando mi trabajo de parto. Le escribí a Ximena mi doula para que viniera y seguimos organizando. Mi mamá estaba recogiendo los platos del desayuno y organizando la cocina. Sofía jugaba y ayudaba a organizar, muy pendiente de lo que pasaba y acompañándome en todo momento.

Ximena llego alrededor de las 2pm y le abrí la puerta muy tranquila. Ya tenía casi 2 cm de dilatación y cuando venía una contracción tenía que respirar un poco, parar y seguir. Le pedí a Ximena que me hiciera masajes y Sofía también quiso participar, así que trajo un aceite de naranja y me masajeo los brazos mientras Ximena me masajeaba la espalda. De un momento a otro las contracciones aumentaron en intensidad. Kim llamó a otra partera que la iba a apoyar, monitoreo al bebé y dijo que el parto iba a ser muy rápido el bebé ya estaba muy abajo. Me preguntaron si quería entrar a la piscina y dije que si, Sofía también se quiere meter para acompañarme. Alex sigue llenándola y tratando de arreglar un hueco que descubrió. En el agua las contracciones se intensifican más y más, para controlar el dolor respiro y digo el mantra om. Llega el momento en el que están cada vez más fuertes y Sofía se está preocupando porque me ve con dolor. Ella decide salir de la piscina y va al cuarto con Alex a ver videos.

Siento una contracción fuerte y ganas de pujar, me asusté, pregunté si podía pujar y mi grupo de apoyo me dicen que haga lo que mi cuerpo me pide, así que pujo muy duro y rompo fuente. Me dan muchas ganas de llorar y recuerdo mucho que Ximena me dice: “llora Ana, despídete de tu antiguo yo. Ahora vas a ser Ana mamá. Eres muy fuerte. Ya falta una contracción menos”. Pujo una vez más y siento que pierdo las fuerzas, pero me dicen que ya se puede ver la cabeza, si la quiero tocar y me asusto digo no, quiero que salga ya. La partera me dice que me cambie de posición para ayudar al bebé a girar para sacar los hombros y lo hago, me dice que esté pendiente que me va a pasar el bebé hacia adelante, en ese momento pujo con todas mis fuerzas y de repente tengo a mi bebé en mis brazos: que momento tan mágico, indescriptible, lo abrazo, lo beso y le doy la bienvenida a nuestra familia, Alex que ha estado todo el tiempo acompañándome nos mira con amor. Sofía llega corriendo a ver a su hermanito. Mi mamá también, incluso Bertica, la mama de Alex está por Skype viéndonos y saludando al bebé. Siento una ultima contracción, pujo suave y sale la placenta. Esperamos a que el cordón deje de latir, es un cordón corto y deja de latir rápido. Alex lo corta, estamos un rato más en la piscina y salimos al cuarto, mientras yo me organizo. Alex se quita la camisa y tiene al bebé piel con piel. Después me lo pasan y el sigue durmiendo encima mío.

Alex se pone a organizar todo, pero antes viene al cuarto y pregunta cómo se va a llamar el bebé, el dilema de todo el embarazo, no pudimos ponernos de acuerdo. Con la oxitocina a flor de piel le digo que le ponga el nombre que le gustó desde el inicio del embarazo: Noe, después de leer su significado, creo que fue el nombre perfecto. Noe significa tranquilidad y calma. Así como defino a mi bebé. Llegó de una forma tranquila, en paz, lleno de amor. Se puede tener un parto en casa o en un hospital, natural, tranquilo. Que cada familia decida qué es lo mejor para el bebé y para la mamá.

Ana, mamá de Sofía y Noe