Dejo aquí la reflexión de Ana Castillo, una gran amiga y compañera, sobre los cuidados.

Es verdad que cuidar puede parecer que no es nada, porque está infravalorado, y sin embargo lo es todo: los cuidados son lo que protege y sustenta la vida en todo el mundo. Si pensamos en los momentos en que hemos sido cuidadas, por ejemplo por nuestros padres, seguramente lo que más valoraremos no serán tanto las innumerables tareas asociadas (cocinar, limpiar, lavar nuestra ropa…) ni cuando nos han dicho lo que teníamos que hacer, sino cuando hemos recibido un abrazo de consuelo, una caricia, cuando nos hemos sentido escuchadas plenamente, aliviadas con palabras amorosas en un momento de angustia, cuando hemos compartido un episodio de complicidad, de alegría, de tristeza, cuando hemos sentido que no estábamos solas… 

Para mi la esencia de la labor de la doula es ese cuidado inmaterial, que se mide en tiempo, en presencia, en escucha, en afecto… Y aunque la esencia no sean los “quehaceres”, seguramente “haremos” cosas. Porque al ponernos al servicio de las necesidades de las mujeres y de las parejas para que puedan vivir de manera todavía más plena y serena un momento trascendental de sus vidas, a veces nos llevará a dar un masajito en los riñones porque la mamá así lo ha pedido, o quizás a hacer un batido de placenta o un pastel de bienvenida del bebé o una sopita para que la mamá recupere. O quizás comprenderemos que la mejor forma de acompañar en ese momento es leer un cuento a los otros niños para que la pareja pueda estar al 100% en el proceso, para que la mama pueda entrar en su planeta parto. O quizás nos tocará hablar con los profesionales de salud para trasladar los deseos de la mamá. O ayudar a encontrar recursos, como visualizaciones, por ejemplo para conectar con el bebé si ella considera que lo necesita o puede hacerle bien… 

Mi hermana ha sido una doula maravillosa en mis partos. Ella no se ha formado nunca como doula, no es madre, no sabe casi nada de fisiología del embarazo o el parto, ni de lactancia y aunque hace yoga, meditación y da unos masajes divinos, lo que valoré de tenerla cerca en los últimos meses de mis embarazos y en tres de mis partos, fue precisamente eso: tenerla cerca. Sentir que no estaba sola en ese viaje. Sentirla a mi lado tomándome la mano, respirando conmigo, ofreciéndome un vaso de agua. Sentirme en total confianza con ella y saber que podía rugir como una leona, ponerme a cuatro patas delante de ella, o colgarme de su cuello en el expulsivo como hice cuando nació mi hija pequeña. Sentirme escuchada sin juicios cuando le contaba mis miedos. Y también valoré que contribuyera a preservar la serenidad y el silencio de mi espacio, que hablara con mi matrona por teléfono evitándome activar el neocórtex, que supiera cuando respetar mis momentos de interiorización cerrando suavemente la puerta para dejarme sola en mi burbuja… 

Cuando le daba las gracias siempre decía “pero si no hice nada”. Estuvo ahí, presente, cuidándome con mi pareja y eso era justo lo que necesitaba.

Cierro con este precioso video: Cuidame. Pedro Guerra y Jorge Drexler

 

Ximena Silva
Doula en Suiza